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¡Siéntate en este banco y cuéntame, anda!

Sábado, 14 Noviembre, 2015 - 13:00

Cualquier película de Woody Allen tiene una secuencia con  dos personas sentadas desde Brooklyn hablando en un banco. Alguien en paro me cuenta que a veces sale a la calle pero no siempre tiene para tomar algo y se sienta en un banco. Esa posibilidad tan simple queda excluida en muchos espacios de Madrid. O no hay bancos, o son unipersonales, o pinchan,…o no tienen respaldo, que de todo hay. En muchos casos la única forma de sentarse en nuestra ciudad es hacerlo en una terraza y consumir.

Parece una nimiedad esto del mobiliario urbano, ¿verdad?. Es decir, que haya lugares donde sentarse, encontrarse y mirar a los que pasan, a quienes seguramente no volveremos a ver nunca más, pero que son ciudadanos, como nosotros y habitan esta ciudad. Pero no, no lo es. El espacio público es una medida de la calidad de una ciudad y garantiza la mezcla y la cohesión social.

Días atrás Yorokobu informaba de que no hay bancos donde sentarse en la Puerta del Sol de Madrid por decisión de los comercios de la zona. El que se sienta, no compra. Así sucede en Plaza del Callao, o en la Plaza Mayor, frente a Las Cortes donde no hay bancos pero sí todo el espacio del mundo para eventos comerciales efímeros. Como si sentarse un rato, junto a las bolsas, a ver el paisaje urbano y descansar fuera anti-comercial. O peor, de vagos, maleantes y gentes de mal vivir.

El urbanismo es una cuestión apasionante porque no se trata de hormigón y carreteras sino del tipo de ciudad y de ciudadanos que se quiere cobijar en los núcleos urbanos: vecinos y ciudadanos partícipes y encontradizos o individuos ajenos entre sí, grupos humanos especializados, consumidores veloces de áreas temáticas (espectáculos, comercio, copas, e incluso cultura).

Imagen puerta del sol sin bancos

La clave radica en si se concibe  o no el espacio público  como espacio de convivencia, de cultura y de ciudadanía urbanas. Y también depende de si el urbanismo  (y quienes lo encargan) es temeroso de los ciudadanos o no, es puramente especulador o no, si favorece la segregación social o la integración. Como digo, apasionante porque solo con esas claves se pueden entender los desarrollos urbanísticos de las núcleos-dormitorios en torno a grandes centros comerciales, el alejamiento de las zonas de trabajo respecto a la ciudad y los problemas de movilidad y contaminación que generan, la sustitución de calles por vías rápidas, o la eliminación de alumbrado público y el miedo a salir a la calle que provoca en algunos transeúntes.

Parece que el Ayuntamiento de Madrid se ha decidido a dar valor  de nuevo al banco de sentarse en sus próximos proyectos. Ha lanzado un concurso para solicitar ideas sobre qué tipo de bancos queremos para nuestros ratos de esparcimiento urbano. Bienvenidos sean esos bancos largos donde caben muchos, donde charlar aunque sea de que no llueve ni a tiros.

Y ya solo un último apunte. El Puente de la Inmaculada en Madrid, que llegará pronto,  es una de las exhibiciones más masiva de ciudadanía en las calles. Los ciudadanos y los visitantes se echan a las calles a ver las luces, los árboles y adornos. Pienso si en el fondo lo que quieren es verse unos a otros y disfrutar del derecho a la ciudad, a su belleza y a sus vecinos.

¡Ah! si se googlea “bancos de Madrid” solo aparecen entidades financieras. De los bancos de sentarse, ni rastro

Información del artículo
Autor: Asuncion Larrinaga
Fecha:
Sábado, 14 Noviembre, 2015 - 13:00

Categoría:
Freelancers y Empresas

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Acerca del autor
Asuncion Larrinaga